lunes, 25 de noviembre de 2019

¿CUÁL ES EL PROYECTO QUE DEBE CUIDAR BOLIVIA PARA QUE NO CORRA LA MISMA SUERTE QUE EL METRO DE CARACAS?


El Metro de Caracas fue un icono mundial de eficiencia, gestión y modernidad. Hoy es todo lo contrario. El chavismo lo heredó de la democracia y lo destruyó. Y esto es una lección importante para el futuro de Bolivia. El gobierno de Evo Morales sacó adelante Mi Teleférico, la compañía estatal que gestiona con eficiencia el sistema de cable urbano más emblemático del mundo. Ahora esta empresa está dirigida por el gobierno interino de Jeanine Áñez, pero el anterior gestor, César Dockweiler, antes de dimitir dejó un mensaje que nadie debe olvidar.
César Dockweiler rompió a llorar cuando anunció su renuncia como gerente de Mi Teleférico.
“Este proyecto no hubiera sido posible si no hubiéramos hecho cambios significativos en este país. Mi Teleférico es una muestra de poder hacer las cosas juntos. Para esto se necesita unión, ideas y proyectar ideas. Y se necesita que los objetivos de los bolivianos estén siempre, siempre, por encima de los intereses personales e incluso regionales”.
César Dockweiler compartió este mensaje por su canal de YouTube el pasado 13 de noviembre. Tres días después de que renunciara el expresidente Evo Morales y los disturbios en Bolivia subieran de intensidad. En el vídeo dice también que Mi Teleférico fue elegido finalista como una de las soluciones más eficientes e innovadoras en el World Smart City Awards 2019. Nadie imaginaría que una semana después de su renuncia resultaran vencedores de la competencia.
“En mi caso toca cerrar un ciclo. Toca salir”, dijo el gerente al relacionar su renuncia con las protestas.
“Se me dio la oportunidad de servir a mis hermanos bolivianos. Y eso es lo que hoy llevo con muchísima satisfacción. La renuncia está conectada con elementos personales. Tiene que ver con ética profesional. Tiene que ver con compromiso de mi país”, agregó poco antes de agradecer a Evo Morales la confianza depositada. En él, y en Mi Teleférico.
Mi Teleférico es la empresa estatal que gestiona el sistema de cable urbano entre La Paz y El Alto, la red de teleféricos más emblemática y amplia del mundo. La construyó la empresa austriaca Doppelmayr luego de que el gobierno de Morales le entregara el proyecto llave en mano en 2011. Costó 1.400 millones de dólares.
El teleférico estuvo listo un año después. Inmediatamente se convirtió en ejemplo planetario de eficiencia, tecnología y gestión. Y lo sigue siendo. Pero más allá de todo esto, el teleférico “convirtió sus cabinas en un elemento de cohesión social”, recordó César Dockweiler entre lágrimas.
“En este proyecto se trabajó para la inclusión de todos. Para absolutamente todos”.
Este último mensaje es importante. No sólo por el momento de polarización que vive Bolivia, sino como mensaje de futuro. No es la primera vez que un cambio de gobierno echa por tierra proyectos que han sido emblemas de una ciudad. El caso más significativo es el del Metro de Caracas en Venezuela, otra herencia de la democracia que destruyó el chavismo.
El Metro de Caracas fue inaugurado el 2 de enero de 1983. Aunque su planificación y construcción comenzó mucho antes, de la mano de un consorcio internacional formado por las empresas Parsons, Brinckerhoff, Quade & Douglas de Nueva York y Alan Voorhees de Washington.
Pronto esta infraestructura se convirtió en ejemplo para todos. Fue la gran solución de movilidad para Caracas. “La gran solución para Caracas”. Ese era su eslogan.
El metro también fue un icono de modernidad y un ejemplo de civismo. En 1991 fue nombrado el metro “más ordenado y limpio del mundo”. También tuvo continuidad administrativa. José González Lander se mantuvo como gerente desde el comienzo hasta 1997, cuando presentó su renuncia. Se fue él, pero permaneció su equipo administrativo, hasta que Hugo Chávez decidió romper con todos. Ahí comenzó la muerte del Metro de Carcas.
Hoy las escaleras mecánicas no funcionan. Nadie paga por entrar al metro. Está sucio. Se producen robos. Los trenes pasan de forma intermitente. Se descarrilan. Se paran. Se quedan sin energía porque los apagones ya son cotidianos en Caracas.
Otra historia más de las desgracias del chavismo. Porque el metro, al igual que la industria petrolera y el sistema eléctrico, fue víctima de la corrupción, del derroche desmedido, de la falta de mantenimiento… Lo abandonaron. Murió.
Y César Dockweiler no quiere que el gran teleférico de Bolivia muera.
“Juntos lo hicimos posibles”, insistió. “Nos necesitamos. Nos necesitamos en la construcción de esta Bolivia que necesita seguir fortaleciéndose”.
El miércoles el ministro interino de Obras Públicas, Yerko Núñez, posesionó a Andrei Bonadona como nuevo gerente de la empresa estatal Mi Teleférico. Al Navío de España (www.alnavio.com)





La CIDH investiga la masacre de Senkata en El Alto
                                                                                  
REPRESIÓN EN BOLIVIA: "COMO ANIMALES, COMO PERDICES NOS CAZAN"

En El Alto siguen los bloqueos porque las muertes son demasiadas. Página/12 fue testigo de los desgarradores testimonios de las víctimas de la represión ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

Página 12 de Argentina (www.pagina12.com.ar)
                                                                                         
“Como a animales, como a perros, como a perdices; así nos cazan”, dice Ixalta Aliva golpeando sus manos contra el delantal que protege el plateado de su pollera. De uno de sus bolsillos saca una fotocopia, el documento de identidad de un niño de 15, Jesús Aruhiza, hospitalizado con la mandíbula destruida por una bala. “¿Somos animales?”, insiste en preguntar como si clamara al mismo cielo desde donde, dicen innumerables testimonios, llovieron balas el 19 de noviembre en Senkata, en El Alto, ahí donde los pies se enredan en los residuos de alambre y hollín que dejan las gomas quemadas, ahí donde, contra toda propaganda que insiste en que ya no quedan bloqueos en el cordón urbano de La Paz, hay bloqueo porque las muertes son demasiadas, porque a menos de 20 metros de donde las cholas se reúnen, hay un joven que esta siendo velado en su cajón blanco. Falleció el sábado a la noche, acaba de sumarse a una lista que no termina de cerrarse.
A esa misma hora en que terminaba la vida de Milton David Centeno Geronda, 24 años; en el centro de La Paz, el pleno de la Asamblea Legislativa pasaba a un cuarto intermedio después de aprobar la ley que fija las próximas elecciones para el 22 de enero y de no llegar a ningún acuerdo en torno a la ley de garantías propuesta por la bancada mayoritaria del MAS para que cesen las persecuciones, se repare a las víctimas de la represión y se derogue el decreto firmado por la presidenta autoproclama Jeanine Áñez que otorga inmunidad a las fuerzas armadas y de seguridad para reprimir y hasta comprar armamentos. En la televisión, sobre todo en el canal oficial, no dejaba de repetirse la canción de Víctor Jara que en Chile le grita en la cara a la crueldad neoliberal “el derecho de vivir en paz” y que aquí en esta zona, a 3600 metros sobre el nivel del mar, parece una orden de silencio y obedencia. “Esa ley nunca la voy a promulgar”, amenazó por twiter Áñez para dejar clara la proscripción .
Un mar de casas sin revocar que se ven desde los teleféricos que cruzan el cielo de La Paz separan al centro del Alto. Las cumbres nevadas del Illi Mani y el Chacaltaia son centinelas de esa profusión de edificios que trepan las laderas de la olla paceña. Una vez arriba, el tránsito se encastra como si autos, camiones y minibuses fueran piezas de un juego imposible. Hay colas inmensas frente a la destilería de Senkata, van en busca de combustible para abastecer a las otras enormes filas que desde el sábado a la noche recorren cuadras y cuadras hasta las estaciones de servicio; también de garrafas domésticas. Varias vías de la avenida de seis carriles que lleva al corazón de Senkata están cubiertas de escombros y restos de barricadas. El último tramo hasta donde vecinos y vecinas están movilizándose hay que hacerlo a pie. De las pasarelas que cruzan de un lado al otro de la avenida cuelgan muñecos como espantapájaros descabezados, están ahí para denunciar la masacre que cuenta diez muertes oficiales, una cantidad indeterminada de personas desaparecidas y 540 heridas, algunas graves. En total, en todo Bolivia, desde que Jeanine Añez usurpó el poder ejecutivo, se cuentan, según la Defensoría del Pueblo, 870 personas heridas. Están ahí para que las vea la delegación de la CIDH, que por la tarde llegará a Senkata.
Una sola muerte numerosa
Milton David Centeno, sus restos, está dentro de un cajón blanco cubierto de flores. Sólo su mamá custodiaba el féretro el domingo en la mañana, se la ve pequeña en un rincón, con su pollera desplegada sobre una silla y un mantón negro cubriendo el gorro de lana que la abriga. Mira directo a los ojos cuando se le habla, no llora, al menos no va a llorar mientras la rabia la anime. “Un solo hijito tenía, otra hija; iba a la universidad, toda la vida para que él fuera”, dice Claudina Geronda Huanca. “Le sacaron una bala de bronce de la cabeza, iba a ser profesional” y en la repetición de ese futuro que no será, aparecen las lágrimas.
Desde la sala contigua, los olores de la cocina se mezclan con los crisantemos, la cebolla morada, el maíz que hierve, el cilantro, el arroz. Para quienes vengan a despedir a este muchacho que estaba en tercer año de Derecho, el primer universitario de su familia, el primero entre sus ancestros que se remontan por siglos en estas tierras, habrá comida. Así es la tradición y se va a cumplir cuando la sala se llene de sombreros negros, de prendedores floridos, de las galas que cholas y cholos le ofrecen a los muertos. Sobre aguayos abiertos, en el piso, también hay comida como ofrenda para compartir: maíz inflado en uno y Aptapi -quesillo- con tunta -esos papines que se congelan, se entierran y después se cuecen- en el otro.
Desde la calle, llegan las voces del “cabildo” donde se aprueba temprano, entre unas trescientas personas, sostener el bloqueo; sobre todo para que no se borren las huellas de las balas de las defensas de cemento que dividen la autopista, para el que el Banco de Comercio no vuelva a pintar las paredes donde quedó la sangre derramada de David Posto Cuzzi, que el 19 de noviembre había ido a renegociar dos deudas que tenía en ese banco junto a su compañera, Wendy Colqui. O la de Calixto Guanaco Aguilar, que todavía está internado pero ya se declaró su muerte cerebral producto de una bala que se le incrustó en la cabeza cuando intentó ayudar a alguien más. Los rastros de esas historias que por la tarde, una por una, iban a doler otra vez cuando fueran relatadas frente a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos no pueden borrarse. Y por eso el camino para el presidente de la comisión, Pablo Abrao, tampoco fue fácil.
La decisión de moverse a El Alto de la CIDH fue como recoger el guante de la provocación que habían sufrido quienes habían ido a testimoniar el sábado a un hotel del sur de La Paz, un hotel 5 estrellas cercado por manifestantes de los Comités Cívicos que insultaron a los organismos de Derechos Humanos -como la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos y la Asociación de familiares de detenidos y detenidas desaparecidas en América Latina, entre otros- y a familiares y personas heridas en la masacre de Senkata. “Estamos tan cansadas, yo soy de las más jóvenes y tengo más de 70; nunca me imaginé que iba a ver otro golpe”, dice Ruth Llanos, de Asofam y se deja abrazar por David Inca, de la Apdh que dejará frente a Pablo Abrao los testimonios que hablan de torturas, implantación de pruebas y hasta difamación de las personas fallecidas por “ebrias o terroristas”. “Áñez se bañó con sangre de los pobres”, dice el vocero de la Apdh, y concluye: “Peor que a animales, así nos tratan”.
Ni las imágenes del sábado frente al hotel Casagrande, tampoco las del medio millar de personas que se reunieron en la capilla San Francisco de Asís para aportar testimonios y pruebas salieron en la televisión. En los carteles escritos a mano que levantaban las personas se pedía “prensa internacional”; se pedía en verdad, la urgente necesidad de dejar de ser invisibles. En la televisión boliviana, en cambio, se veía la marcha que, a la misma hora, protagonizaron seguidores y seguidoras de Waldo Albarracín, rector de la Universidad de San Andrés, que convocó a través de redes sociales a marchar para que no se vayan los militares de las calles y que no haya ley de garantías.
¿Cómo evitar que no vuelva al cuerpo la llegada de la CIDH a la Argentina cuando desde las radios se instigaba a maltratar a quienes querían denunciar las violaciones a los Derechos Humanos por parte del Terrorismo de Estado en 1979? ¿Cómo no pensar, cada vez que se habla de disparos desde helicópteros --porque el relato es desesperado y se insiste con vehemencia—en la masacre de Napalpí, cuando 200 indígenas fueron asesinados en el Chaco Argentino, acribillades desde aviones a mitad del siglo pasado? Lo que se vive en Bolivia, en algunas regiones de Bolivia que se pretende invisibilizar, no es de ahora, son heridas antiguas que siguen supurando. “Somos indígenas el 80 por ciento de la población ¿quién tiene que gobernar? Nosotros. Hay que demandar a España para que se lleve los restos que nos dejó”, gritó Henry Contreras Roca, y avivó ya no la bronca sino un odio que las balas, que todavía se ven sobre ese territorio desértico y lastimado por los escombros, no hacen más que avivar.
La muerta viva
“La Áñez disque transitoria pero vino a matarnos: a mi marido una bala le destrozó el corazón”, dijo María Cristina Quispe, compañera de Juan José Tenorio Mamani, 23, mecánico cerrajero. “Le entró por la espalda cuando estaba arrastrando a un herido”, soltó frente a Abrao, ubicado bajo el altar de la capilla y se puso a llorar. Su cabeza cubierta de negro, sus demandas firmes: que se vaya Áñez, que se vaya el ministro de gobierno, Arturo Trujillo, que haya “Justicia Internacional porque acá no va a haber”. Pablo Quispe Mamani, 24; Antonio Rolan Quispe Ticona, tenía 25, tres minutos antes de morir por herida de bala estaba almorzando con la mamá. Cristian Condori, 23; Clemente Mamani Santander, 23; Edwin Jamachi Paniagua, 20. Cada uno tuvo sus minutos de duelo colectivo en la memoria de quienes los nombraban y relataban lo que sabían de sus muertes. Todos heridos de bala.
Y sin embargo, no alcanzó. Cuando le tocó el turno a Betina Gutierrez el silencio fue creciendo como una marea que busca la luna. “Yo soy una muerta viva, soy la testigo que sobrevivió. Yo estaba ahí en el bloqueo, no éramos ni 50. Me quedé cuando vi venir los tanques porque pensé que nos iban a hablar. Pero no, empezaron a disparar, sin una advertencia. Yo ví caer heridos a la mitad y luchamos para que no se lleven los cuerpos adentro de estación de Senkata. Ví a una niña con un disparo en la cara, no sé donde está esa niña. Ví a una señora de pollera herida y la quise arrastrar pero no pude porque era gordita. Me la sacaron de la mano y la metieron adentro. Pero me llevé un montón de cascos, para que no mientan. Y acá los tengo”, dijo y los puso sobre el aguayo que cubría las mesas de madera donde les integrantes de la CIDH tomaban notas. Betina tiene un niño autista, pidió protección para él y para ella; pero no de la policía. Pablo Abrao fue informado de la extrema debilidad que tiene esta mujer en momentos de persecución como el que se describió durante toda la sesión.
Las noticias que se relevan en la televisión hablan del levantamiento de los bloqueos en todo el territorio boliviano. En Senkata eso se desmiente. En el centro de La Paz, les seguidores de Albarracín denuncian el levantamiento de los bloqueos del MAS como una estrategia para fortalecerse. El cuarto intermedio para seguir discutiendo la ley de garantías se termina hoy lunes. Mientras, la televisión habla de paz y usurpa la voz de les cantantes que en Chile tomaron la letra de Victor Jara para defender la vida digna que reclaman.





LO QUE ESCONDE EL GOLPE DE ESTADO EN BOLIVIA

La élite oligárquica boliviana y EEUU no aceptan la democracia que incluye a pobres e indígenas y que cuestiona sus privilegios

Somos el Medio de México (www.somoselmedio.com)
                                                                   
El trasfondo de este golpe de estado es la distribución de la riqueza en Bolivia y el control geoestratégico de EEUU sobre sus recursos, alentado con el racismo supremacista. Es un nuevo capítulo de la guerra híbrida contra los pobres en el escenario internacional, donde se revelan los hilos de una operación de desestabilización organizada desde el exterior, utilizando a grupos internos ligados a la oligarquía boliviana, con el fin de derribar un gobierno no afín a los intereses geoestratégicos de la potencia dominante en la zona, en este caso EEUU. Un golpe de estado “suave” por medios no convencionales, con armas psicológicas, sociales, económicas, mediáticas, políticas, etc.
Ha sido un golpe de estado planificado
El analista internacional Alfredo Jalife Rahme, describía en Behind Back Doors, con varias semanas de anticipación, los detalles de la planificación desde los Estados Unidos del actual golpe de estado en Bolivia. Daba ya entonces los nombres y apellidos de los involucrados: políticos bolivianos residentes en EEUU, líderes de la oposición boliviana y de la asociación opositora «Coordinadora Nacional Militar», compuesta por ex oficiales del ejército boliviano, responsables de gestionar los fondos que se han enviado desde Estados Unidos para esta operación. Este plan, en tres etapas, estaba diseñado para la ruptura y la división del ejército boliviano y la policía nacional, logrando que estas fuerzas se rebelaran contra el presidente Evo Morales (reclutando altos mandos del Ejército, aquellos que respaldarían el golpe de estado y asumirían la presidencia del país en una coalición cívico militar en el período de transición). Preveía contar, como así ha sido, también con el apoyo de las embajadas afines y la Iglesia Evangélica, que Estados Unidos utiliza como cobertura estratégica de forma habitual en los “golpes de estado blandos”. Financiando campañas de descrédito contra el Gobierno, utilizando una estructura de medios con prensa de medios opositores, medios y cuentas falsas en las redes sociales creadas específicamente para apoyar el golpe de estado, activistas en redes sociales con noticias falsas masivas (centradas en la inversión del sentido de los hechos: los agresores son presentan como agredidos, y viceversa; los vídeos de atrocidades de bandas criminales se muestran como acciones violentas de seguidores del gobierno). Así como el apoyo de organismos internacionales controlados por Estados Unidos, como la OEA, para deslegitimar la victoria electoral de Evo, acusarle de fraude electoral y reclamar, si era necesario, una intervención internacional en Bolivia. Para así pasar a la tercera fase, cuya intención era generar un estado de crisis social en el país, desatando una ola de violencia y represión que dejara en shock a la población que apoya al presidente Evo Morales, e imponer un gobierno paralelo que aprovechara este estado de shock para imponer reformas drásticas, sin refrendo democrático, que de otra forma nunca hubieran sido aceptadas.
Parece que ahora los presidentes en Latinoamérica ya no son elegidos por su pueblo, sino que se autoproclaman, con gran apoyo mediático y reconocimiento inmediato de Estados Unidos. Este tipo de golpe de estado tiene una larga tradición en la estrategia política y militar de Estados Unidos en la región: el fallido golpe contra Hugo Chávez en Venezuela, en 2002; el derrocamiento en Haití en 2004 del primer Presidente electo por voto popular, el sacerdote Jean Aristide; el alzamiento de la Media Luna contra Evo Morales en 2008; el derrocamiento del Presidente de Honduras Mel Zelaya en 2009; la destitución exprés del Presidente de Paraguay Fernando Lugo en 2012; los golpes de estado lawfare en Brasil con la destitución de la Presidenta Dilma Rousseff y la detención de Lula para impedirle presentarse y ganar las elecciones, gracias a lo cual se hizo con el poder el militar Jair Bolsonaro, quien reivindica no sólo la dictadura, sino las torturas y se apoya en las iglesias evangélicas.
Decenas de miles de cables diplomáticos filtrados por WikiLeaks muestran como la agencia USAID[1] financió con millones de dólares a los opositores a Evo, y que cuando los departamentos de la Media Luna organizaron protestas violentas en las que murieron 20 partidarios del gobierno, Estados Unidos mantenía una comunicación regular con los líderes del movimiento violento, separatista y racista que se proponía “volar por los aires los gasoductos” y consideraba la “violencia como posibilidad para forzar al gobierno”. Por eso no es de extrañar que los jefes del Ejército y de la policía de Bolivia, que forzaron la renuncia del Presidente Evo Morales, fueran entrenados por Estados Unidos en la Escuela de las Américas y en el FBI. Y que el general que exigió la renuncia, Williams Kaliman, una vez cumplida su función, se haya ido a vivir a Estados Unidos a las 72 horas del golpe, tras haber presuntamente cobrado un millón de dólares, a resguardo de cualquier investigación de la comunidad internacional. El encargado de negocios de la Embajada estadounidense en La Paz, Bruce Williamson, al parecer, fue quien pagó esos sobornos: un millón de dólares a los jefes militares y quinientos mil a los jefes de policía.
Ha sido un golpe de estado por el control geoestratégico
Como dice la experta, profesora de la Universidad de Buenos Aires, Alcira Argumedo, este golpe de estado contra Evo Morales se enmarca en un contexto internacional donde Estados Unidos está perdiendo la disputa hegemónica con el bloque chino-ruso en términos económicos, geopolíticos y tecnológicos. Los resultados de la estrategia de intervenciones militares de Estados Unidos y la OTAN en Medio Oriente han sido un rotundo fracaso. Por eso EEUU se ha replegado sobre Latinoamérica como último bastión donde disputar su hegemonía. El objetivo es garantizar el control de áreas y recursos estratégicos. Los intereses estratégicos de EEUU en la región son inmensos. La región (y dentro de ella básicamente Venezuela) provee un tercio del petróleo que importa Estados Unidos, es decir más que todos los países del Medio Oriente juntos; implica un intercambio comercial de mercancías que triplica al que Estados Unidos tiene con toda Europa y quiere desplazar la creciente presencia de China en esta zona. A su vez, las tendencias hacia una reconversión energética a causa del calentamiento global, con el desplazamiento de los combustibles fósiles y su reemplazo por energías renovables, marca una reorientación hacia la producción masiva de vehículos eléctricos y la provisión de energía solar en gran escala: las baterías para esta reconversión energética, se fabrican con litio. El gobierno de Evo Morales nacionalizó las reservas de litio de Bolivia -las mayores del mundo-. Los Estados Unidos carecen de yacimientos de litio y no parecen dispuestos a aceptar una eventual dependencia de la importación en gran escala de baterías desde Bolivia, producidas por empresas mixtas de ese país con socios alemanes y chinos (con quien el gobierno había firmado un acuerdo en febrero de 2019 para la explotación industrial del litio). En este contexto se produce en Bolivia el golpe contra el gobierno de Evo Morales.
Ha sido un golpe de estado contra la democracia y la igualdad social
En el ámbito interno el detonante del golpe de estado ha sido el rechazo a la igualdad social, es decir, el rechazo a los fundamentos mismos de una democracia real, garante de los derechos humanos y sociales.
Bolivia era el país más pobre junto con Haití. Durante el mandato de Evo Morales hubo una expansión económica continua y una reducción de la pobreza, posicionando a este país como el de mayor crecimiento de la región. La economía creció de 9.000 a 42.000 millones de dólares, a un promedio del 4,9% del PIB, reduciendo la deuda externa del 52% del PIB al 24%, pasando a ser el séptimo país menos endeudado de América del sur. Un crecimiento acompañado de políticas públicas que ayudaron a disminuir los indicadores sociales negativos: reducción de la pobreza (del 60% al 34% la moderada, y del 38 al 15% la extrema pobreza; caída de 130 a 45 la diferencia de ingresos entre los más ricos y los más pobres). Acceso universal a la salud, a la protección social y a la educación (se construyeron 5.000 colegios en 13 años, cifra similar a la alcanzada en los 180 años anteriores y se pasó del 13,28% de analfabetismo al 2,4%). Subió el salario mínimo de 440 bolivianos (55 dólares) a 2.122 (308 dólares). La “clase media” pasó del 35% al 60%, la mayor parte proveniente de sectores populares, indígenas. Más del 50% de los funcionarios de la administración pública son indígenas, …
Pero también nacionalizó los hidrocarburos (gas y petróleo), en manos de 21 consorcios multinacionales, que ingresaban enormes beneficios. También reestatizó la mina de estaño de Huanuni, nacionalizó la empresa nacional de telecomunicaciones (ENTEL), así como empresas eléctricas… Algo que no le han perdonado… De facto, el proceso del golpe de estado se inició cuando el gobierno de Evo Morales nacionalizó el gas y los recursos naturales para utilizar sus rentas de cara a reducir la desigualdad social, lo que también afectó los privilegios de las multinacionales y de la racista oligarquía de la Bolivia blanca, rica y poderosa. Porque lo que se trata, con este golpe de estado, es de revertir todos estos logros sociales.
Lo que se pretende es de volver a imponer el modelo capitalista y neoliberal, que evite de todas las formas posibles el reparto y distribución de la riqueza. Es un golpe de rechazo a la igualdad. Y la estrategia para ello está siendo la denominada “doctrina del Shock”, que ya Noami Klein describió en el año 2007, citando al gurú neoliberal Milton Friedman: aprovechar la «oportunidad» de la represión y violencia brutal del golpe de estado (terror y temblor) para, una vez la población esté en estado de shock, actuar con rapidez, para imponer los cambios y las reformas legislativas rápida e irreversiblemente, antes de que la sociedad afectada pueda reaccionar. Friedman alentaba a aprovechar esos momentos de trauma colectivo para dar el pistoletazo de salida a reformas económicas y sociales de corte radical. La población, aseguraba, tiende a aceptar esos «tratamientos de choque» creyendo en la promesa de que salvarán de mayores desastres.
La aplicación de la barbarie se está ejecutando al pie de la letra. La represión en Bolivia ha escalado a niveles sin precedentes. La Defensoría del Pueblo ha denunciado 23 asesinatos, 715 personas heridos y numerosas detenciones, delitos de lesa humanidad, producidos cuando la Policía y el Ejército han reprimido violentamente manifestaciones pacíficas en defensa de la restitución de los derechos del pueblo boliviano. Por supuesto, todos ellos indígenas. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos y Amnistía Internacional han sumado su voz condenando esta escalada de represión contra marchas pacíficas encabezadas por niños y mujeres. «Esto es una dictadura, nos están matando», dice una manifestante sobre la represión de la fuerza pública en Cochabamba, Bolivia. Quizá la mejor expresión para describir la situación actual en el país andino. Mientras, el poder golpista acelera la derogación de leyes, como la Ley 348 que asegura una vida libre de violencia, que reconoce el feminicidio, y todas aquellas que garantizan los derechos, tanto simbólicos como materiales, de la población indígena y las clases trabajadoras.
Ha sido un golpe de estado fascista, racista, patriarcal, fundamentalista, eclesiástico y empresarial
Quienes encabezan este golpe de estado, como denuncia Adriana Guzman, aymara y feminista comunitaria, es el grupo de derecha fascista del Comité Cívico de Santa Cruz, con Luis Fernando Camacho como Presidente, vinculado a los carteles del narcotráfico e hijo de un paramilitar que estuvo al servicio de la dictadura. Este Comité representa a los empresarios, oligarcas, a los terratenientes, socios de las transnacionales, del Oriente boliviano, que acapararon las tierras durante la dictadura, que no se han presentado a elecciones y no están dispuestos a renunciar a ninguno de sus privilegios. Están instaurando una dictadura de facto, donde las fuerzas policiales y militares propinan palizas, encarcelan, hieren y matan a manifestantes que exigen el retorno de Evo, disparan contra opositores y el nuevo régimen ultraderechista anuncia una “cacería” contra los “animales” que se atreven a disentir de los golpistas, aprobando un decreto que exime de responsabilidad penal a policías y militares en tareas antidisturbios, legalizando la represión y el asesinato.
El componente fascista se une al odio racial, alentado por estos sectores de ultraderecha y fundamentalistas, como relata el propio Álvaro García Linera, que ven como la herencia del apellido y la piel se desvanece ante el avance de la igualdad. La exhibición en todos los medios de la “suite presidencial”, unas dependencias más bien humildes y sobrias, pero que son como “la habitación de un jeque árabe” clamaba una tal Roxana Lizárraga, autoproclamada Ministra de comunicación de la Junta golpista, muestran este grotesco racismo del que hacen gala. Apelaba así a la reacción racista, como si un indio campesino tuviera que dormir en el suelo, buscando “satanizar a los líderes populares”. En Santa Cruz organizan hordas motorizadas en 4×4, con bates de béisbol, cadenas, granadas de gas y armas de fuego para imponer su supremacía racial y, como gritan en sus consignas, “escarmentar a los indios”, a quienes llaman “collas”, que viven en los barrios marginales y en los mercados, y que nunca habían tenido derechos y solo habían servido como peones de los terratenientes o para sacar el oro de las minas de la oligarquía. Esta conducta, que recuerda al fascio nazi, la vivió la alcaldesa de una población campesina, que fue humillada, arrastrada por la calle, golpeada, vejada orinándole encima, a quien le cortan el pelo y la amenazan con lincharla rociándola con pintura roja simbolizando lo que harán con su sangre.
A estos actores hay que añadir la jerarquía católica que se posicionó rápidamente con los golpistas, y a los grupos evangélicos, la nueva arma de los EEUU para los golpes de estado en Latinoamérica. En una entrevista con la BBC, la autoproclamada “presidenta” fundamentalista evangélica, Jeanine Añez, dijo que con ella Cristo y los Evangelios volvían a la Casa de Gobierno, acusando a Evo de ateo. Cuando el periodista le señaló que Bolivia seguía siendo un estado laico, le respondió que no importaban los votos en el parlamento, porque ella sabía que el 80% de los bolivianos eran hombres de fe. Este fenómeno de los fanáticos evangélicos lo representa también las declaraciones de Luis Fernando Camacho: «Vamos a sacar de los lugares públicos la Pachamama y vamos a imponer la Biblia evangélica», porque, para ellos, la Pachamama es el origen de la pobreza, mientras que la riqueza es la bendición de Dios a quienes se han esforzado, resucitando la ética protestante del calvinismo más extremo, teología del modelo neoliberal.
Este ha sido también un golpe de estado contra el gobierno indígena, originario, acompañado de las organizaciones campesinas y los movimientos sociales, concluye Adriana Guzman: Es un escarmiento para que no se les vuelva a ocurrir que es posible vivir fuera del capitalismo, que el bien vivir pueda ser una posibilidad, que puedan autogobernarse. Para que aprendan a aceptar el sistema capitalista, neoliberal, patriarcal, colonialista. Ése es el mensaje. La derecha no es democrática y no aceptará renunciar a sus privilegios. Si no alcanza el poder por las urnas, lo hace a través de la fuerza y la masacre. Debemos ser conscientes de ello.
[1] USAID fue creada en 1961 y se ha convertido en uno de los dispositivos, dependiente del Departamento de Estado norteamericano, de la CIA para financiar proyectos de desestabilización contra gobiernos no afines a la política norteamericana. Es la principal financiadora de los movimientos separatistas promovidos en la Media Luna del Oriente Boliviano. En 2003 y 2004 financió los intentos por impedir que el líder cocalero Evo Morales llegara a la presidencia, y a partir de entonces ha aportado gran financiación para derrocarlo y en caso contrario dividir Bolivia en dos repúblicas, una gobernada por la mayoría indígena y la otra por descendientes de europeos y mestizos, que habitan en las áreas ricas en recursos naturales, como agua y gas.





BOLIVIA: UN GOLPE, DOS PROYECTOS

Página 12 de Argentina (www.pagina12.com.ar)
                                 
El golpe de estado en Bolivia no se ha estabilizado todavía, no sólo porque persiste la represión violenta en las calles contra los opositores, sino porque sigue sin resolverse la cuestión de fondo que enfrenta a los dos proyectos que conviven bajo el gobierno de facto de Jeanine Añez: ¿cuándo y en qué términos se deben convocar a elecciones para darle el mejor barniz institucional posible a la salvajada que culminó con el presidente Evo Morales exiliado en México?
La oposición boliviana tuvo serios problemas durante los 14 años que duró la etapa de Evo en el poder para articular un frente capaz de ganarle las elecciones al MAS de forma clara y contundente. Su primer triunfo se lo apuntó en 2.016 cuando logró vencer por la mínima el referéndum que Morales convocó para habilitar su cuarto mandato. Pero una cosa es ganar un referéndum y otra muy distinta es armar una coalición creíble capaz de alternar en el poder con el MAS luego de la presidencia más larga que haya tenido Bolivia desde su independencia.
Este límite opositor se expresó claramente en la candidatura de Samuel Doria Medina, un empresario cruceño que se enfrentó con pobres resultados a Evo en 2.014 y en la magra cosecha de votos del cochabambino Manfred Reyes Villa en 2.009. La candidatura de Carlos Mesa en 2.019 se encontró con los mismos dilemas: Mesa expresa un sector de la oposición con eje en las clases medias y acomodadas de la zona andina /La Paz/Oruro/Potosí/Cochabamba, pero no es bien visto en la sureste más rico (Santa Cruz/Tarija/Sucre), donde se lo percibe como un traidor por haber permitido a Morales llegar al poder a través de elecciones limpias en 2.005. Si logró cosechar más del 30 por ciento de los votos en las elecciones de octubre fue porque primó el voto opositor útil para tratar de forzar el balotage.
En los agitados días que siguieron a las elecciones, Mesa fue desplazado como figura central de la oposición por el ultracatólico Camacho, un empresario cruceño representante de un proyecto político mucho más radical, que busca clausurar para siempre la experiencia masista. Esta cuestión, que ha pasado desapercibida en la mayoría de los análisis del golpe, es central: la oposición no acepta el domingo del golpe la propuesta de Evo de reconocer la realización del balotage, porque el posible triunfo de Carlos Mesa no les garantiza la derrota total del MAS, que es su objetivo primordial.
Los sectores que tomaron el poder con Añez están mucho más cercanos a Camacho que a Mesa. Si logran la correlación de fuerzas necesaria, llamarán a elecciones sin el partido de Evo y el golpe entonces mostrará su faceta “Revolución Libertadora”.
El MAS ha leído perfectamente esta contradicción de sus enemigos y está respondiendo con la misma estrategia de pinzas con que fue volteado Evo. Por un lado demuestra su fuerza en las calles y fuerza al gobierno a mostrar su cara más feroz con la represión militar y por el otro habilita la discusión política a través del Congreso, que domina ampliamente, reconociendo a Yañez como presidenta a cambio de elecciones sin proscripciones y en breve tiempo, dando por sentado que el candidato no será Evo y que el proceso se puede llevar a cabo con el líder en México sin exigir un retorno por ahora inviable. Con este juego de presión/negociación pone la pelota en el tejado golpista y deja el golpe expuesto donde más le duele.
El dilema de Añez ahora es complejo. Si acepta la legitimidad institucional que el MAS le pone en bandeja en el parlamento, deberá aceptar también que sea ese parlamento, como dicta la Constitución, el que convoque a nuevas elecciones. Y en ese caso, el MAS se ha mostrado dispuesto a concurrir con “una fórmula joven”. El problema de esta salida, que le lava la cara a los golpistas, es qué hacer si el MAS vuelve a triunfar en elecciones que no podrán ser tachadas de fraudulentas ya que serán llevadas a cabo por el propio gobierno de facto. ¿Están dispuestos los camachistas a aceptar algo así? ¿Y los gobiernos de EEUU y Brasil que jugaron cartas importantes en el golpe?
Los halcones del golpe esgrimen que el MAS cometió fraude y que por lo tanto perdió su personería jurídica, lo que de convalidarse en la justicia, sería otro episodio de “lawfare” a la boliviana. La resolución de este dilema central definirá el modo en el que el golpe pasará a la historia. Y, algo mucho más importante todavía, definirá el futuro de Bolivia los próximos cinco años. 





EVO MORALES: DE DEMOCRACIA Y GOLPES

Al alterar y violentar la democracia, Evo Morales se quedó sin la oportunidad de pasar a la historia como el primer presidente indígena y progresista exitoso de su nación, con fundamento y legitimidad democráticas.

Excelsior de México (www.excelsior.com.mx)
                                                               
Para empezar esta reflexión, hay que decir que Evo Morales (EM) no es, ni Jacobo Árbenz en 1954, ni Salvador Allende en 1973. Para empezar, estos, desde sus respectivas trincheras reformistas, nunca violaron los preceptos constitucionales de sus respectivos países (Guatemala y Chile), mismos que fueron los que los llevaron a ocupar la presidencia de sus países con toda legitimidad. Tampoco se erigieron en víctimas lastimosas de ningún complot. En cambio, Morales sí. Frente al mito que ha hecho de sí mismo y frente a las evidencias de sus fraudes electorales, ahora optó por calificar a su victimarios de golpistas en su contra, aunque ciertamente algo hay de golpe en este asunto y mucho de racismo, esto no nos tiene porqué intimidar al hacer el análisis de su salida de Bolivia y su posterior arribo a México en calidad de asilado. Lo mismo aplica a la variable económica y la del progreso que durante su presidencia Morales logró, mediante un crecimiento económico importante y un nuevo contrato social que generó un nuevo momento de cohesión social en Bolivia, logros que hoy están a punto de estallar debido a su intransigencia antidemocrática.
Lo esencial de mi desarrollo aquí tiene que ver con la cuestión democrática, que al ser alterada y violentada por el mismo EM, le quitó a éste la oportunidad de pasar a la historia como el primer presidente indígena y progresista exitoso de su nación con fundamento y legitimidad democrática. En este sentido la presidenta interina, Jeanine Áñez, y la nueva cúpula militar represiva, son producto de sus actos ilegítimos y, en buena medida, también son parte de la obra que lega a Bolivia y al continente, la cual, malo para él, terminó en un gran despropósito democrático. Aquí nos referiremos a eso.
Realidades conceptuales y políticas tan enquistadas en nuestro continente, como golpe de Estado, dictadura y estado de sitio, han sido estudiadas por politólogos de la estatura de Samuel Huntington y Alain Rouquié, por mencionar sólo a dos. La salida de Evo de Bolivia está precedida por una renuncia presidencial y por una saga política que deja mucho que desear, toda vez que se asemeja a los casos venezolano, nicaragüense, ecuatoriano (a medias) y muy probablemente el argentino, con el regreso del kirchnerismo. En todos, salvo en el último, ha habido abuso del poder transicional en el marco de un régimen democrático. Con relación al golpe y sus implicaciones socio políticas, ya de por si dramáticas en Bolivia, considero que muy bien se puede establecer la siguiente secuencialidad causal de “golpes”. La primera etapa tiene que ver con la ya conocida autorización de la SCJ, en octubre de 2019, a EM para competir en las elecciones de 2020, violando la Constitución, y el resultado del referéndum para cambiar ésta. Seguidamente, tenemos la muy mexicana “caída del sistema” que provocó el propio EM ante la inminente derrota electoral por más del 10%, que lo imposibilitó legalmente para continuar en el poder. Es decir, Evo era ya un presidente ilegítimo antes de salir de La Paz. Y por tanto, su proclamación como “presidente electo” por cuarta ocasión resultó no sólo inefectiva políticamente, sino también fraudulenta. Como sugiere el distinguido analista sociopolítico, Fernando Bazúa, estos tres primeros “golpes” secuenciales fueron asestados por Morales.
Dentro de toda la maraña en la que nos adentró EM, ocurrió, en efecto, un cuarto “golpe”: la “sugerencia” a EM hecha pública, del alto mando de las Fuerzas Armadas bolivianas para que renunciara, aun cuando en los hechos Evo ya había reconocido su propio fraude al convocar a nuevas elecciones, en las cuáles él, por “derecho humano”, impuso que tenía que participar. Este cuarto golpe, en efecto, fue asestado por los militares bolivianos, quienes ahora reprimen los levantamientos promovidos por EM desde nuestro país. El quinto “golpe”, sin duda el más inteligente de parte de EM, fue su renuncia, junto con la de todos sus partidarios que estaban en la línea sucesoria constitucional, destinado todo ello a abandonar su compromiso de Estado, dejando un vacío de poder legal. Y para acabarla, el sexto “golpe”: la autoproclamación presidencial de Añez por un Congreso sin quórum, con la participación del alto mando militar, generando todo ello la imposición del actual Gobierno ilegal de Bolivia. Naturalmente, los “golpes” más vistosos y en los que casi todos focalizan su atención son el cuarto y el sexto. Tengo la convicción de que Allende y Árbenz, dos grandes líderes socialdemócratas, valientes y convencidos, nunca hubieran recurrido a las artimañas de Evo para aferrarse al poder. ¿Merece Evo Morales nuestro asilo político? Seguiremos.





¿HUBO UN GOLPE DE ESTADO EN BOLIVIA?
                                                                                                                           
El internacionalista Farid Kahhat analiza la situación en Bolivia luego de la salida del expresidente Evo Morales y la asunción de la mandataria encargada Jeanine Áñez, ¿correspondería llamarlo un golpe de Estado?

El Comercio de Perú (www.elcomercio.pe)
                                                                                                                 
Comencemos por desfacer algunos entuertos. Primero, para establecer si hubo un golpe es irrelevante la naturaleza del gobierno depuesto: pueden producirse golpes de Estado tanto contra gobiernos democráticos como contra gobiernos autoritarios.
Segundo, que el derrocamiento inconstitucional del gobernante no sea sucedido por la formación de un gobierno militar no implica que no se haya producido un golpe. Por ejemplo, el golpe de Estado de Honduras en 2009 dio lugar a un gobierno civil.
Tercero, si bien existen casos de golpes que dieron lugar a transiciones democráticas (como el de Venezuela en 1957 o el de Paraguay en 1989), ello no implica que el cambio inicial de gobierno no se produjera a través de un golpe de Estado.
Hechas esas aclaraciones, creo que en Bolivia se perpetró un golpe de Estado.
Apelar a que la Ley Orgánica de las Fuerzas Armadas establece que, “ante situaciones conflictivas, internas y externas”, es atribución del Alto Mando Militar “sugerir a quien corresponda las soluciones apropiadas” como justificación, no resiste mayor análisis.
Primero porque, aún si aceptásemos la insólita interpretación según la cual dicha norma autoriza a los militares a determinar quién debe ser presidente, en un Estado de derecho la Constitución (que no autoriza tal cosa), debiera prevalecer sobre una ley.
En segundo lugar, la propia ley establece que se trata de una sugerencia “a quien corresponda”, y que es esa la autoridad que debería tomar la decisión: aquí la “sugerencia” no sólo fue hecha en fatiga militar por televisión, sino que, además, acto seguido, el Alto Mando dejó de obedecer al presidente (prerrogativa que no está ni en la Ley Orgánica ni en la Constitución).
Tampoco es verosímil el argumento según el cual las fuerzas del orden sólo buscaban evitar ser instrumentalizadas en un conflicto político (evitando así juicios ulteriores, como ocurriera con las masacres de 2003 tras la renuncia a la presidencia de Gonzalo Sánchez de Lozada).
De un lado, fueron militares en actividad quienes colocaron la banda presidencial a Jeanine Áñez (sin mediar una sola votación con quórum del Congreso, sea para aceptar la renuncia del presidente Evo Morales, declarar la vacancia del cargo o determinar la línea de sucesión). De otro lado, porque las mismas fuerzas del orden que permitieron a manifestantes opositores amenazar a dirigentes del MAS o saquear sus viviendas (incluyendo la del propio presidente), tan solo horas después usaban armas letales para dispersar manifestaciones en favor de Morales.
¿Cabría sostener que, aun admitiendo que fue un golpe de Estado, podría justificarse en tanto se perpetró contra un gobierno que violó en forma reiterada la Constitución y había fraguado una elección que, según la Misión de la OEA, adolecía de graves irregularidades? En mi opinión, no.
Primero, porque Morales ya había aceptado la propuesta de la Misión de la OEA, según la cual debía convocarse a nuevas elecciones bajo una nueva autoridad electoral que fuera genuinamente independiente (dejando abierta la posibilidad de no ser candidato).
Segundo, porque la conducta de Áñez en el gobierno viene siendo inconstitucional y autoritaria. Por ejemplo, cuando la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (también un organismo de la OEA), criticó el “uso desproporcionado de la fuerza” tras una masacre contra manifestantes, su respuesta fue cambiar la ley para eximir a las fuerzas del orden de responsabilidad penal en casos como ese.





¿DIOS ES GOLPISTA EN AMÉRICA LATINA?
                                                                       
El golpe de estado en Bolivia el manejo de los símbolos religiosos fue una grotesca estrategia.

El Milenio de México (www.milenio.com)
                                                                              
Hay una larga historia de relación entre los golpes de Estado y el uso de religiosos como factor de legitimidad. Ante la ausencia de legalidad se recurre a Dios como recurso divino que justifica violentar el orden establecido. Uno de los aspectos que más ha llamado la atención en el golpe de Estado de Bolivia ha sido el uso político simbólico de lo religioso. Jeanine Áñez, la autoproclamada presidenta con una gran biblia en la mano pregonó el regreso de Dios al centro de la gobernabilidad del país.
El Golpe de Estado estuvo arropado por lo religioso. Los obispos católicos explicaron que no hubo golpe y llamaron a la paz. Los mensajes emblemáticos fueron dirigidos mediáticamente para grandes sectores de la sociedad, sobretodo la clase media. Hubo en Bolivia una articulación de pentecostales fundamentalistas con católicos integristas como Fernando Camacho, el llamado Bolsonaro boliviano, quien hizo exorcismos con ambiguos símbolos pentecostales y católicos.
Dijo “devolver a Dios al Palacio de gobierno”, sentenció que la deidad indígena “La Pachamama” nunca más regresará al Palacio, diosa de la Madre Tierra, porque “Bolivia pertenece a Cristo.” Hay una larga historia de vínculos en los golpes de Estado en América latina y la Religión.
Bajo la Guerra fría los golpes militares en Argentina, Chile y Uruguay se justificaron para restablecer la restablecer la civilización occidental y cristiana frente al asecho del comunismo. En estos países en los años setentas, sectores de la jerarquía legitimaron las juntas militares y la guerra sucia. En una modalidad diferente, los golpes parlamentarios también sectores de la Iglesia católica jugaron un decidido papel en Paraguay derrocando al obispo Fernando Lugo en 2012.
En Honduras el cardenal Óscar Rodríguez Maradiaga tuvo un peso particular en la caída del presidente Manuel Zelaya en 2009. Los pentecostales no se quedan atrás. La bancada evangélica en Brasil fue determinante en la caída de Dilma Roussef en Brasil en 2016, y el juicio contra Lula su antiguo aliado. Los evangélicos también tienen espesos antecedentes en momentos críticos de América Latina. Apoyaron el autogolpe de Alberto Fujimori al derogar el Congreso en 1992. Queda ahí, en la memoria, el golpe militar del evangélico José Efraín Ríos Montt en 1982. El golpe de estado en Bolivia el manejo de los símbolos religiosos fue una grotesca estrategia. El integrismo católico se alía al fundamentalismo evangélico para impulsar cruzadas peligrosas e imponerse contra la democracia. México, pon tus barbas a remojar...





BOLIVIA, ELEMENTOS PARA ENTENDER SU CRISIS

Proceso de México (www.proceso.com.mx)
                                                                              
La situación en ese país andino es tan compleja y volátil que resulta difícil decidir por dónde abordar el tema. Empiezo por hacer notar la opinión generalizada en favor de los logros del gobierno de Morales, desde el punto de vista económico y social.
Bolivia es uno de los países con mejores índices de crecimiento en América Latina. Particularmente notable ha sido saldar la deuda histórica que se tenía con los grupos indígenas, el 55% de la población. Por primera vez fue posible mejorar sus condiciones de vida, devolverles la dignidad, combatir su pobreza y marginalidad.
Es, por lo tanto, doloroso que los acontecimientos de los últimos días hayan precipitado a Bolivia hacia una crisis de grandes proporciones. La situación es caótica: rompimiento del orden constitucional, el cual será enormemente difícil reconstruir; derrumbe de las instituciones gubernamentales, que deja en manos de la derecha radical la tarea de gobernar y, posiblemente, organizar elecciones; violencia y descontrol entre los sectores del Movimiento al Socialismo (MAS), el partido fundado por Morales, cuyas actividades son difíciles de encauzar con su líder en el exilio, y dudas sobre el poder que ejercerán (o no) las fuerzas armadas.
La mayoría de los analistas, algunos abiertamente simpatizantes de Morales, coinciden en ver, como origen importante de los acontecimientos recientes, su empeño en prolongar el control de la vida política. Ese objetivo no se corrigió pese a las circunstancias que aconsejaban lo contrario. De una parte, había un descenso en lo que fue una altísima popularidad; de la otra, el descontento crecía en diversos sectores, algunos tradicionalmente hostiles a su gobierno y otros favorables a su proyecto, pero renuentes a la no renovación del Poder Ejecutivo.
Esos descontentos se hicieron evidentes desde 2016, cuando Morales perdió el referéndum para modificar la constitución de manera que le permitiera gobernar casi indefinidamente. Esa derrota fue una primera señal. Sin embargo, mediante una peculiar interpretación de la ley electoral, relacionada con sus derechos humanos, Evo se mantuvo en el poder intentando de nuevo la reelección en 2019, esta vez en un ambiente poco favorable interna y externamente.
Desde el punto de vista externo es necesario tomar en cuenta la corriente hacia la derecha que se impuso en América Latina en 2018. Imposible, perder de vista lo que significó para las tendencias políticas en la región la destitución de Dilma Rousseff, el encarcelamiento de Lula y, finalmente, el triunfo del presidente Jair Bolsonaro en Brasil, representante de la derecha radical, ligado a los militares de los años de la dictadura; agresivo en materia internacional bajo su consigna de “limpiar América Latina de los regímenes socialistas que tanto daño han causado”.
Los cambios ocurridos en los gobienos de Chile y Colombia, aunados a la conformación de una clara alianza con Estados Unidos para enfrentar el problema venezolano, dio un nuevo cariz al ambiente político al interior de la Organización de los Estados Americanos (OEA). El reconocimiento de un embajador de Guaidó como representante de Venezuela ante la organización amarró un grupo muy cohesionado integrado por Brasil, Colombia, Estados Unidos y Venezuela, que pronto hizo sentir su influencia para tratar el tema de las elecciones en Bolivia, convocadas para el 20 de octubre.
No es ocioso señalar el significado del gobierno de Bolivia para quien alberga el propósito de fortalecer un mapa político en América Latina, alejado de las “tentaciones socialistas”, Brasil, en particular. Bolsonaro tiene elementos poderosos para ejercer influencia en Bolivia por la cercanía con adversarios de Morales ubicados en la vecina ciudad de Santa Cruz. Asimismo por la posibilidad de presionar económicamente mediante la amenaza, explícita o tácita, de suspender sus compras de gas.
La influencia del mencionado grupo de los cuatro, decidido a fortalecer el papel de la OEA en las elecciones de Bolivia, se advirtió en dos vertientes. Primero, alentando que se diera a la Misión de Observadores Electorales atribuciones que no habían sido ejercidas por misiones anteriores. Por ejemplo, al haber hecho declaraciones sobre la necesidad de proceder a una segunda vuelta antes de que hubiera terminado el conteo de votos.
De acuerdo con las disposiciones sobre el trabajo de dichas misiones, su labor es de carácter técnico, destinado a coadyuvar en la buena marcha de las elecciones, pero no a emitir juicios sobre sus resultados con obvias consecuencias políticas; aún menos antes de tiempo y sin conocer las acciones que desea llevar a cabo el Estado interesado.
El segundo aspecto novedoso fue la insólita repercusión mediática que tuvieron las opiniones de la Misión de Observadores. Rápidamente los medios de comunicación, escritos y audiovisuales comenzaron a popularizar la idea de un fraude, a sobredimensionar la imagen de una dictadura, asociada a personajes tan condenables internacionalmente como Maduro.
No se mencionaba el hecho de que, en realidad, Morales estaba muy cerca de 10% por encima de su rival, Carlos Mesa. Debilitado respecto de su popularidad anterior, mantenía, sin embargo, el apoyo de cerca de 50% de los electores.
La segunda etapa fue la auditoría –solicitada por Bolivia– de las actas de la elección. El grupo de expertos, integrado rápidamente por la Secretaría General de la OEA, realizó un trabajo técnicamente impecable, dirigido a especialistas en cuestiones electorales, difícilmente comprensible para quien no lo es.
Ahora bien, lo importante de ese documento fueron las frases contundentes de las conclusiones: “Se encontraron irregularidades que van desde muy graves hasta indicativas. Esto lleva al equipo técnico auditor a cuestionar la integridad de los resultados de la elección del 20 de octubre pasado”.
A partir de esas frases se orquestó con gran habilidad una condena definitiva del gobierno de Morales: fraude, dictadura, sin respeto por la democracia.
Además, ambicioso, sumiendo al pueblo en la miseria, narcotraficante, traidor. Los medios de comunicaicón, completados ahora por las redes sociales, demostraron su enorme capacidad para influir en los procesos políticos contemporáneos. Poca atención mereció el anuncio del gobierno para convocar a nuevas elecciones. Para entonces, la marea del descontento ya hacía inoperante cualquier intento de conciliación. Las fuerzas armadas “sugirieron”, entonces, la renuncia de Morales.
De ninguna manera quiero centrar la culpa de la dramática evolución de los acontecimientos de Bolivia en una manipulación mediática. Coincido con quienes ponen la mayor responsabillidad en el empeño de Evo de mantenerse en el poder, menospreciando así los requisitos para consolidar un régimen verdaderamente democrático. Dicho empeño fue el caldo de cultivo para que pudiese prosperar una propaganda demoledora y el rápido desmoronamiento de un gobierno considerado, desde otra perspectiva, uno de los más exitosos en América Latina.
Las enseñanzas de la tragedia boliviana son múltiples. Dos de ellas sobresalen: el precio de no soltar el poder y la manera en que las corrientes hacia la derecha contaminan el conjunto de la vida política mediante medios sutiles y poderosos.





¿QUÉ SUCEDIÓ REALMENTE EN BOLIVIA?

El Expreso de Ecuador (www.expreso.ec)
                                                                                              
Los acontecimientos en Bolivia siguen fluyendo de manera excepcional luego de la destitución del presidente Evo Morales. Puede haber o no elecciones libres y justas dentro de los próximos 90 días. Morales, con asilo político en México, puede volver a presentarse como candidato o buscar un retorno al poder por otros medios. La izquierda latinoamericana puede recuperarse de la caída de un ícono, o seguir perdiendo terreno.
Las políticas de Morales, buenas y malas, serán derogadas por una oscilación hacia la derecha en Bolivia, no diferente de la reacción violenta reciente contra las autoridades en otras partes de América Latina, o lo sobrevivirán. Implicancias regionales de la caída de Morales, más allá de los detalles de su consumación: tras la ola rosa de América Latina -aproximadamente de 2000 a 2015-, muchos líderes emblemáticos de la izquierda fueron sacados del poder mediante el voto, o recurrieron a diversas estratagemas autoritarias para seguir ejerciendo el control.
Una vez que terminó el ‘boom’ de las materias primas, y cuando estallaron escándalos de corrupción en varios países, muchos líderes o partidos de izquierda fueron expulsados sin demasiada ceremonia en Brasil, Argentina, El Salvador y Chile. En Venezuela, Nicaragua y Bolivia, la izquierda se aferró al poder a través de procedimientos cada vez más represivos y antidemocráticos.
Con excepción de México, donde Andrés Manuel López Obrador ganó la elección presidencial en 2018, la izquierda ha venido retrocediendo en toda la región. La derrota del presidente Mauricio Macri a manos del candidato peronista Alberto Fernández en Argentina hizo renacer la esperanza de los partidarios de la izquierda en toda la región, y las manifestaciones masivas, aunque muchas veces violentas, en Chile desde octubre, frecuentemente vistas como protestas antineoliberales y como un clamor por un “camino diferente”.
En este contexto, la caída política de Morales claramente cuenta como una derrota. Había durado más tiempo que cualquiera de los otros líderes izquierdistas de la región. Entonces, si los mecanismos electorales ya no bastan para reemplazar a un presidente que pretende quedarse en el poder, ¿cuándo un intento por removerlo a través de otros medios se vuelve legítimo? Cuando los dictadores asumen el poder por medios electorales y luego se aferran al poder a través de otros métodos, las cuestiones ya no son tan evidentes como parecían hace décadas.
La caída de Morales fue generada por una combinación compleja de factores, de los cuales solo uno fue el pedido del ejército de que diera un paso al costado. Si el nuevo gobierno boliviano adhiere al cronograma previsto por la constitución y programa elecciones en el lapso de 90 días y si el partido de Morales proclama a otro candidato que no sea él, le asignará plena legitimidad al proceso. Si gana la oposición de centroderecha, intentará derogar muchas de las políticas y decisiones de Morales.
Pero, Carlos Mesa, que habría peleado la segunda vuelta contra Morales si este último no se hubiera proclamado ganador en la primera ronda, no partidario de la extrema derecha. Morales seguirá intentando regresar al poder. Hacer que se aleje de la escena, a la vez que transfiere el poder de manera pacífica y democrática de un presidente a otro en el futuro previsible, sería un enorme logro.





BOLIVIA, EN SU LABERINTO

El Colombiano de Colombia (www.elcolombiano.com)
                                                                                      
La situación en Bolivia es inestable, la violencia estalla con mucha facilidad, empieza a haber problemas de abastecimiento. El país entró en un oscuro laberinto poco después de que se produjera un descarado, chapucero y escandaloso fraude electoral. Es ahí donde empieza el lío, y es a partir de ese momento cuando las movilizaciones se suceden y se producen enfrentamientos y llegan los primeros muertos (ya son unos 30). Dentro del laberinto, el ruido lo confunde todo. Por eso no hay que olvidar que en el principio estuvo el fraude y que la única solución, cuando se produce un recuento irregular, es convocar nuevas elecciones.
En la vorágine del laberinto, como dentro de una pesadilla circular y obsesiva, regresan los viejos fantasmas del país andino, que arrastra una historia terrible de enfrentamientos civiles y golpes militares y turbas fanáticas y guerrillas fracasadas y tiranos delirantes y un repugnante racismo, que se tradujo en siglos de marginación de la mayor parte de su población, la de piel más oscura. Cuando existe un pasado cargado de esa abismal polarización y de toneladas de sangre, y cuando el simple gesto de encender una cerilla puede despertar a la furia dormida de la venganza y el resentimiento, nada hay más peligroso que alentar el conflicto. Porque son muchos más, siempre muchos más, los que quieren la paz, y que asisten alarmados a esta endemoniada quiebra de la convivencia.
Bolivia, como otros países de la región, encontró que el único camino para canalizar posiciones tan antagónicas era la democracia. Ahora se ve lo fácil que resulta que regrese lo peor cuando se retuerce la legalidad para forzar, tras unas elecciones, unos resultados que las urnas no recogían.
Lo que ocurre en Bolivia da vuelos a la épica. Un expresidente que se proclama defensor de unos indígenas postergados desde siempre –aun cuando sean muchos los indígenas que lo rechazan, y la organización obrera histórica y las zonas mineras más importantes le hayan dado la espalda– y, al otro lado, unos supremacistas que agitan la Biblia y alientan una cacería contra sus enemigos (de piel más oscura). Las calles se llenan de banderas: mal asunto. Es cierto que da más juego una batalla entre buenos y malos que las torpezas de una joven democracia. En el primer caso crecen los muertos día tras día. En el otro, en el Senado, se habla ya de la convocatoria de unas nuevas elecciones.
“Un partido político, que merezca ese nombre y no sea una horda de aventureros ni una clientela de parásitos adheridos a un personaje de figurón”, explicó Manuel Azaña en una conferencia de 1917, ha de tener “un contenido de ideas, un caudal de aspiraciones, por las que penetre en el alma popular más profundamente y con mayor eficacia que pueden hacerlo los hilos de una organización”.
El Movimiento al Socialismo (MAS), el partido de Morales, tiene ahora un papel decisivo. Ha sido la formación más afectada por el fraude, iba ganando las elecciones. Su lugar no está en las calles, defendiendo una victoria tramposa, sino en las instituciones. El MAS no puede renunciar a su “caudal de aspiraciones” y a sus logros: haber incorporado a la vida social y política a una inmensa población marginada, repartido mejor la riqueza, combatido la pobreza. Le toca colaborar para cuanto antes garantizar unas elecciones limpias. Y salir, como los otros, a ganarlas. De eso va la democracia.





LA COMPLICADA POLÍTICA Y BOLIVIA

Analítica de Venezuela (www.analitica.com)
                                                                                 
Desde Venezuela muchos observaron con atención, e incluso con poco velada envidia, como Evo Morales, uno de los últimos mandatarios de la izquierda foro paulista que aún abrazaba el poder, renunciaba a la presidencia y se asilaba en México. La presión de las fuerzas armadas y de múltiples sectores organizados y no organizados de la sociedad boliviana, movidos por irregularidades en el proceso electoral del día 20 de octubre, fue suficiente para forzar el inicio de un período de transición.
A poco más de un mes de estos hechos, vuelan acusaciones de golpe de Estado de ambos lados, unos hablan de una dictadura que termina y otros de una que comienza. Para los venezolanos el caso boliviano puede servir de lección sobre como la política no permite exacerbar simplificaciones y generalizaciones sin perderse en la necedad y el absurdo.
Al momento de renunciar, Evo Morales había retado de forma doble la institucionalidad boliviana; después de perder el referéndum constitucional de 2016 logró, a través del Tribunal Supremo de Justicia, presentarse como candidato para buscar un nuevo mandato. Luego vienen las mencionadas irregularidades en el proceso electoral, denunciadas tanto por la oposición como por la Organización de Estados Americanos.
Entonces ¿alguien podría decir que Evo Morales dio un golpe de Estado? Dependiendo de la definición de golpe que se utilice la respuesta puede ser afirmativa o negativa, pero incluso si es la segunda, el mandatario claramente violó la constitución y eventualmente generaría, tal como sucedió10 de enero de 2019 en Venezuela, una ruptura del hilo constitucionaly el inicio de un régimen de facto.
Ahora bien, la idea de que después estos hechos se debería haber esperado a la culminación del mandato de Morales y en ese momento, al producirse la ruptura  mencionada, se le convidara a salir del poder, es risible. Claramente al poner en movimiento hechos que desembocarían en un gobierno no democrático, la necesidad de retomar la institucionalidad se hizo imperante,por lo tanto la presión de un sector de la ciudadanía, de la policía y las fuerzas armadas, para la renuncia del presidente,parece ser legítima.
¿Qué negociar para repetir las elecciones hubiese sido un curso más sensible? En abstracto quizás sí, pero la política trabaja con lo posible, en siempre cambiantes circunstancias y con la interacción de diferentes perspectivas, además de hechos fortuitos; lo que parece razonable puede ser absurdo al tratar de aplicarse. Muchos de los actores aquí, aunque actuando de forma legítima por las razones antes mencionadas, pueden haber utilizado métodos no legítimos antes o después de la salida de Morales para movilizar ese proceso de transición, lo cual trae otra serie de complicaciones.
Entonces, grupos con una causa legítima evitan que se viole la constitución, saltándose en el proceso unas cuantas leyes, e incluso generando violaciones de derechos humanos. Así de complicada es la política, no se puede reducir a absolutos, se puede hacer algo bueno por razones egoístas, o hacer daño siguiendo fines que suenan loables. Por eso las simplificaciones son tan peligrosas, pues nos tratan de mostrar simple y obvio un espacio de la vida que absolutamente no lo es.





AÑEZ: ¿LA CARMONA DE BOLIVIA?

Analítica de Venezuela (www.analitica.com)

Jeanine Añez se convirtió en la presidente provisional de Bolivia por cuatro renuncias en serie: la de Evo Morales, la del vicepresidente Álvaro García Linera, la de la presidente del Senado Adriana Salvatierra (sobre la cual hay dudas e irregularidades) y la del presidente de la Cámara de Diputados Víctor Borda. Me imagino que ante tanta casualidad (y quizás pensó que ante tanta “suerte”) estaba “predestinada” a serlo. Además, la sesión en la que asumió el cargo no tuvo quorum. Podrán alegar la “inmediatez” pero… ¡ayayay!
Hay un refrán que dice “el niño que llora y la mamá que lo pellizca”. No hay mayor verdad en la Bolivia de hoy. Temo que después de haber salido de Evo, los bolivianos vuelvan a sufrirlo, como los venezolanos sufrimos a Chávez gracias a las metidas de pata de otro “predestinado” que tuvo “suerte”, Pedro Carmona Estanga. La señora Añez entró al Palacio de Gobierno con una Biblia en la mano, diciendo que “la Biblia ha vuelto al Palacio”. Eso en abierta contraposición a Evo Morales, quien entró a Palacio enarbolando la Wiphala, la bandera que es el símbolo de la etnia aimará. En un país donde la inmensa mayoría de los habitantes son indígenas o mestizos, una mujer rubia con una Biblia en la mano dice poco, o nada. Pero sí causa una enorme antipatía. Los gobiernos deberían ser seculares. Mezclar política con religión es una bomba de tiempo. Ahí están las repúblicas islámicas como ejemplo.
Pero no contenta con ello, la señora Añez designó once nuevos ministros, entre los cuales no hay ningún indígena. ¿Tentando la suerte? El blog www.nuevavidadigital.com refiere que “su fuerte carácter lo ha mostrado muchas veces en las redes sociales, cargando especialmente contra los pueblos originarios indígenas. Así, está difundiéndose mucho un tuit que publicó el 20 de junio de 2013: “¡Qué año nuevo aymara ni lucero del alba! ¡Satánicos, a Dios nadie lo reemplaza!”. Ese mismo año, el 14 de abril, también publicó: “Sueño con una Bolivia libre de ritos satánicos indígenas. La ciudad no es para los indios. Que se vayan al Altiplano o al Chaco”. Si la señora no entiende en qué país nació, puede ser peor que Evo, o algo peor que es traer a Evo de regreso… ¿o es que los militares bolivianos no son indígenas o mestizos? ¿Se calarán sus insultos?





PRESIDENTA GOLPISTA DE BOLIVIA Y LOS LÍDERES DE LAS PROTESTAS LLEGARON A UN ACUERDO DE "PACIFICACIÓN"

News Front de Rusia (www.es.news-front.info)
                                                  
La presidenta interina boliviana, Jeanine Añez, acordó retirar al Ejército de las áreas de protesta como parte de un acuerdo preliminar de "pacificación" alcanzado con los líderes de la protesta.
La presidenta en un pacto de 12 puntos el domingo temprano también acordó derogar una ley que otorga a las fuerzas armadas una amplia discreción en el uso de la fuerza contra los manifestantes.
«Si no hay necesidad de que el ejército esté en las calles, no lo será», dijo Añez en comentarios transmitidos por la televisión estatal al final de las conversaciones con los líderes de la protesta en el palacio presidencial. «Debido a la extrema necesidad, el ejército fue desplegado. No era abusar de nadie ni mostrar poder «.
Como parte del acuerdo, los oficiales militares permanecerán en guardia en compañías estatales estratégicas para evitar el vandalismo. El acuerdo también compromete a la administración provisional a proteger a los legisladores de la persecución y a proporcionar compensación a los familiares de las personas asesinadas en los enfrentamientos y a liberar a los arrestados durante las protestas.
A cambio de las concesiones, más de una docena de líderes de grupos indígenas que participaron en las conversaciones acordaron ordenar a sus seguidores que pusieran fin a sus manifestaciones.
Los manifestantes antigubernamentales levantaron los bloqueos de carreteras antes de las conversaciones del fin de semana.
Las negociaciones se reanudarán más tarde el domingo para finalizar un proyecto de ley que Añez dijo que enviaría al Congreso para su aprobación más tarde en el día.
Las conversaciones dominicales incluirán por primera vez a Andrónico Rodríguez, un líder influyente de cocaleros que convocó a protestas después de que Añez asumió la presidencia.
Juan Carlos Huarachi, jefe de la mayor federación de sindicatos de Bolivia, que actuó como mediador en las conversaciones, dijo que la paz pronto prevalecerá en Bolivia.
Al menos 30 personas han muerto en enfrentamientos entre manifestantes y fuerzas de seguridad desde las elecciones del 20 de octubre que ganó Morales. La mayoría ha muerto desde el 10 de noviembre, cuando Morales finalmente renunció bajo la presión del ejército boliviano y sus opositores políticos, quienes afirmaron que hubo fraude en el proceso electoral.
La renuncia forzada de Morales se produjo solo una semana después de que canceló un proyecto conjunto masivo de litio con una empresa alemana.
RT también informó que la compañía estadounidense Tesla, que utiliza baterías de litio para sus autos eléctricos, vio aumentar sus existencias después de la partida de Morales.
Se estima en alrededor de 900 millones de toneladas, se cree que las reservas de litio de Bolivia contienen el 70 por ciento del litio conocido en el mundo, lo que representa un mercado lucrativo para los inversores y competidores internacionales.
El mineral es esencial en la fabricación de baterías y autos eléctricos de larga duración.





SIN "PAPÁ EVO": LA ORFANDAD DE LOS INDÍGENAS COCALEROS EN BOLIVIA

Yahoo de España (www.es-us.deportes.yahoo.com)

Las fuerzas de seguridad lograron frenar violentamente su avance. En su campamento de repliegue, levantado sobre una vía, indígenas cocaleros que protestan en el centro de Bolivia acusan el golpe de orfandad. Evo Morales se exilió en México sin dejar sucesores.
"Era nuestro papá, nuestro papá". Sonia Peña, de 51 años, gimotea apenas toma la palabra en medio de una multitud que pide a gritos la renuncia de Jeanine Áñez, la senadora que con Biblia en mano asumió el poder provisional tras la renuncia de Morales el 10 de noviembre.
Venidos de la región cocalera de Chapare, cuna política del líder indígena, cientos de campesinos acampan a lo largo de un tramo de la carretera bloqueada que conecta el municipio de Sacaba con Cochabamba, la cuarta ciudad de Bolivia. Ninguno aquí acepta ser llamado líder porque, aseguran, los están "cazando".
El 15 de noviembre nueve campesinos murieron por heridas de bala en los enfrentamientos con la fuerza pública. Al día siguiente el gobierno transitorio blindó jurídicamente a los uniformados que actúan para imponer el orden, lo que encendió aún más los ánimos en Sacaba.
En total son 32 los fallecidos en un mes de crisis en torno a la figura del dirigente cocalero, el aymara de izquierda que después de casi 14 años en el poder fue reelegido el 20 de octubre en un proceso cuestionado internamente por fraudulento y en el que la OEA aseguró haber detectado irregularidades.
La oposición, con el apoyo de la clase media urbana que no le perdonó a Morales sus ambiciones de poder, se volcó a las calles y forzó su dimisión. Él viajó a México alegando ser víctima de un golpe de Estado luego de perder el respaldo del alto mando militar y de policía.
Pero entre los de Chapare prima otra sensación. "Nos sentimos huérfanos", sostiene Virgina Muñoz, una jubilada mestiza de 63 años, y añade: "Queremos que vuelva Evo. Nos ha devuelto nuestra identidad cultural, aquí estamos quechuas, aymaras, gente de abajo".
Una Bolivia fracturada socialmente dio el primer paso hacia un futuro sin Morales (60 años), con la anulación del proceso de octubre y la aprobación legislativa de nuevas elecciones.
- Sesgo caudillista -
Morales nació para la política en Chapare. Tenía 21 años cuando llegó a esta zona empujado por un desastre climático que arruinó el campo en su región natal de Oruro (oeste). Comenzó su vida sindical y fue escalando hasta convertirse en el representante todopoderoso de las seis federaciones cocaleras.
Como diputado, en 1997, abrazó la causa de los campesinos de Chapare en defensa del masticado de la hoja y otros usos ancestrales, no obstante la presión de Estados Unidos para erradicar las plantaciones que también son materia prima de la cocaína.
Con 23.100 hectáreas - el 34% en la tierra política de Morales -, Bolivia es el tercer productor mundial de droga detrás de Perú y Colombia.
Ya en el poder, Morales aprobó la ampliación del territorio cultivado legalmente en Chapare y lanzó su propia campaña antinarcóticos, sin la supervisión y recursos estadounidenses, privilegiando además el arreglo con los campesinos para la eliminación de la siembra ilícita.
"El movimiento cocalero es el que ha demostrado mayor lealtad a Morales en todas las circunstancias", señala María Teresa Zegada, socióloga y autora del libro 'El espejo de la sociedad. Poder y representación en Bolivia'.
Sin embargo, esa fidelidad la obtuvo con un liderazgo de "sesgo caudillista". "Era el hombre que tomaba decisiones, a veces caprichosas y fuertemente centradas en su persona", agrega la experta a la AFP.
- La paz paternal -
Fue precisamente su base más leal la que lanzó la contraofensiva con cortes de rutas. La represión en Sacaba fue especialmente intensa, sobre todo después del sepelio de las nueve víctimas.
Los cocaleros mascullaron su rabia y "humillación". "Vivíamos en paz, en tranquilidad, pero ahora nos sentimos sin padre, que retorne", clama de nuevo Sonia Peña, una "mujer de pollera".
La típica falda por capas y la whipala -la bandera multiculor ajedrezada de los pueblos originarios de América Latina- se convirtieron en símbolos de rebelión contra el abrupto final del primer gobierno indígena de Bolivia.
Bajo la gestión de Morales, las 36 nacionalidades nativas fueron reconocidas constitucionalmente. Bolivia redujo también la pobreza extrema, del 38% al 17%, y tuvo un crecimiento económico promedio del 4,8%.
"Sin Evo más pobres nos vamos a volver. Nos ha dado todo. Cuando vuelva el Evo vamos a estar tranquilos, porque ahora nos matan a los indios", reclama Rebeca Fernández, de 32 años.
Hasta el fin de semana los cocaleros de Chapare seguían en pie de lucha, mientras quizá una mayoría ya comenzó a delinear a una Bolivia sin Evo.





LA HERENCIA EN TELECOM DE MORALES A BOLIVIA: UN SATÉLITE Y UNA ESTATAL 4G-LTE CON FILIAL EN PERÚ

El gobierno de Morales heredó números de conectividad que pueden considerarse como muy positivos, aun en una economía con poder adquisitivo bajo, pues la estatal Entel desarrolla servicios 4G-LTE y el país puso un satélite en órbita.

America Economía (www.americaeconomia.com)

Bolivia ha conseguido un inesperado protagonismo en México, porque el asilo político del gobierno de Andrés Manuel López Obrador a Evo Morales desata dudas acerca de qué podría cambiar en la relación México-Bolivia en el mediano y largo plazos.
¿Dejará ésta de ser de bajo perfil y habría oportunidades de inversión para los mexicanos allí en el futuro?, son las primeras preguntas a realizarse y las siguientes tienen que ver sobre qué podrían aprender los funcionarios mexicanos de lo que un gobierno socialista como el de Evo Morales hizo contra la marginación y la pobreza en 13 años por el pueblo de Bolivia, por ejemplo con apoyo de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TICs).
El gobierno de Juan Evo Morales Ayma heredó a los bolivianos números de conectividad que pueden considerarse como muy positivos, aun en una economía con poder adquisitivo bajo, pero que crecería hasta 4.0% en 2019; un mercado de telecomunicaciones dominado por una paraestatal, pero con despliegues de 4G-LTE y hace poco con una filial en Perú; y un ambiente regulatorio y certidumbre política complicados que dificultan el empuje del capital privado en el sector, ya que, como muestra, los gigantes de Iberoamérica en esa industria, América Móvil y Telefónica, no participan allí, aunque sí lo hacen Tigo de Millicom y Viva de Nuevatel que ya están en el siguiente nivel.
Aun con este entramado en el que se desenvuelve el sector de telecomunicaciones en Bolivia, el líder socialista dobló el número de accesos en las líneas móviles mientras estuvo en el gobierno: 11,4 millones al cierre de 2018, contra 4,2 millones en 2006. Bolivia tenía una penetración de 100,10% en líneas celulares al arrancar el año 2019 y agregó 472.000 nuevos accesos netos en 2018 frente a 2017.
Esto de acuerdo con la Autoridad de Fiscalización y Regulación de Telecomunicaciones y Transportes o ATT de Bolivia, una entidad que además informó que al 2018, el mercado de telecomunicaciones boliviano, entre fijo y móvil y entre gobierno, corporativos y usuarios finales, reportó un valor de 13,517 millones de bolivianos —aproximadamente 2,000 millones de dólares—, en tanto que el segmento celular rozó los 460 millones de dólares, básicamente por voz en prepago, mientras que el consumo promedio mensual por usuario o ARPU tuvo un equivalente de 3.8 dólares. Como referencia, un operador de red México tuvo en septiembre un ARPU de US$4,4.
Con Evo Morales, Bolivia tuvo en 2018 un estimado de 9.41 millones de conexiones a internet de banda ancha, entre líneas fijas, móviles y entre hogares, centros de trabajo o plazas públicas, un dato notable dado que la población boliviana sumó 11.27 millones de personas en 2018. La ATT informó este año que la penetración “real” de internet en Bolivia es de 58%; en México fue de 71% al comenzar 2019.
Las cifras hacen suponer que existen casos en que un sector de telecomunicaciones con participación intensiva del gobierno a través de una estatal y una acertada política pública, puede derivar en resultados aceptables en conectividad, estimaron especialistas.
“Una regulación más estatista ha permitido que en los últimos años se incrementaran los índices (de conectividad), quedando ese país con mejor posición que el promedio regional”, dijo Pedro Huichalaf Roa, subsecretario en el regulador Subtel de Chile hasta el año 2016.
“Para algunos, la gestión del sector debería ser más abierta; sin embargo, vemos países en Latinoamérica que teniendo una apertura de mercado, aún tienen menores índices de conectividad, velocidad y tipo de tecnología que Bolivia (…) Una recomendación es que el trabajo sea mixto, entre el mundo público y el privado, porque en telecomunicaciones, las empresas llegarán hasta donde puedan por las leyes del libre mercado y el Estado debe llegar hasta donde deba”, dijo.
Bolivia llegó un poco más lejos en telecomunicaciones durante el gobierno de Evo Morales: en 2013 inauguró una base satelital para controlar el satélite Túpac Katari, que se lanzó desde China, en principio, para servicios educativos, médicos y mapeado del territorio boliviano. Bolivia se convirtió entonces en el séptimo país latinoamericano en contar con uno de esos aparatos en el espacio, por detrás de Argentina, Brasil, Colombia, México y Venezuela, y antes de Ecuador, Perú y Chile.  
Y hace unos meses el país del Altiplano formalizó la subsidiaria peruana Entel Bolivia SAC, de la Empresa Nacional de Telecomunicaciones S.A. o Entel, con el objetivo de llevar internet y telefonía. Entel es la empresa incumbente de la industria en Bolivia; su historia es distinta a la de otras paraestatales como Antel de Uruguay o CANTV de Venezuela y opera en las bandas de 850 MHz, 1.9 GHz y en los 700 MHz con tecnología 4G-LTE. Y Entel Bolivia SAC prometió el despliegue de 60 millones de dólares para conectar con fibra óptica al sur de Perú con el oeste de Bolivia.
El gobierno de Evo Morales heredó a los bolivianos números de conectividad que pueden considerarse como muy positivos. Foto EE: Cortesía Ministerio de Comunicación de Bolivia
El interés de Entel Bolivia SAC está en sacar su tráfico por el Pacífico a través de sus propios cables de fibra óptica y conectarlo directamente con terceras redes, para conseguir tarifas más accesibles en cuanto tráfico y negociar la compra de servicios de internet a precios más bajos, que a su vez permitan a sus clientes pagar menos dinero. Se desconoce todavía si entre los planes de Entel Bolivia SAC podría cuadrar la posibilidad de hacer negocio con el operador de la Red Dorsal de Perú, el grupo mexicano Azteca Comunicaciones, en el transporte de tráfico.
“En Perú podrían haber oportunidades, si se logra alcanzar un acuerdo para que Bolivia use la Red Dorsal para acceder al tráfico internacional”, dijo Gerardo Mantilla, regulador en la Conatel de Venezuela durante la primera década del siglo XXI y ahora analista en Artifex Consulting.
En Bolivia, el 89.5% del mercado móvil corre sobre prepago y el 95% de las personas que navegan en internet lo hace por celular con calidad no eficiente, muestra de que los bolivianos demandan mejores servicios y por tanto inversiones de las empresas.
La duda es cuándo la crisis política terminará en Bolivia para que al menos el sector de telecomunicaciones retome el vuelo, dijo Gerardo Mantilla:
“Habrá que esperar a que el país alcance la estabilidad. Todavía existen muchas protestas y cualquier cosa puede cambiar. Yo no intentaría llegar a acuerdos con el grupo que está actualmente en el gobierno. Lo cierto es que mientras eso siga, lo más conveniente es que las empresas mexicanas esperen a ver que termina pasando”.





RANGEL: GOLPE A EVO APUNTA ACABAR CON EL PROCESO MODERNIZADOR DE BOLIVIA

Ultimas Noticias de Venezuela (www.ultimasnoticias.com.ve)
                                                                                                            
 El periodista José Vicente Rangel expresó su repudio al golpe de Estado perpetrado contra el presidente de Bolivia en el exilio, Evo Morales, por apuntar a acabar con un proceso modernizador e inclusivo que se desarrollaba en la nación del altiplano desde 2006 cuando el líder indígena asumió su cargo.
Al inicio de su programa José Vicente Hoy, transmitido este domingo por Televen, el periodista consideró que Evo Morales es un gobernante serio, probo y responsable.
Retrotrajo un fragmento del discurso pronunciado por la escritora chilena Isabel Allende cuando recibió el Premio Internacional de Novela Histórica Barcino, en Barcelona, España, por su obra Largo pétalo de mar: “Vivimos tiempos oscuros. Para quienes estudian el pasado, la historia se repite a menos que seamos capaces de detener el curso de la maldad”.
Al respecto, Rangel lamentó que en el caso de Bolivia se repita la historia en vista de que hace varias décadas se produjo un levantamiento popular de campesinos y mineros que derrocó “al gobierno de las llamadas roscas, es decir, de los grandes millonarios y aplastó al ejército en una cruenta batalla en las principales ciudades del país”.
“Bolivia logra cierta estabilidad con el gobierno liderado por el Movimiento Nacional Revolucionario, pero el virus de la traición comenzó a actuar en el seno del ejército y terminó por dar un golpe acaudillado por un oficial ambicioso, René Barrientos”, relató.
Para el periodista, así como entonces hubo maldad suficiente para acabar con un proceso modernizador de la realidad boliviana, actualmente las maniobras apuntan a lo mismo al considerar que el proceso encabezado por Evo Morales desde 2006 condujo a Bolivia a notables progresos sobre todo en materias económica y social, incluida la reivindicación de la población indígena.





AVANZAN LAS NUEVAS ELECCIONES Y LA PACIFICACIÓN DE BOLIVIA SIN EVO MORALES
                                                               
Aunque la tensión política y social se ha mantenido en los espacios de negociación, en las cámaras legislativas y en algunas carreteras, se espera que con los convenios y la promulgación de dos normas alentadas por los facilitadores el país vuelva esta semana a la normalidad.

Infobae de Argentina (www.infobae.com)
                                                  
Un acuerdo entre el gobierno transitorio de Bolivia, legisladores oficialistas y opositores, los sectores más moderados del MAS y los principales movimientos sociales que apoyaron a Evo Morales, ha permitido la promulgación este domingo de la Ley de Régimen Excepcional y Transitorio para la realización de nuevas elecciones. Además, se ha avanzado mediante el diálogo en determinaciones que establecen la pacificación del país desde este lunes, después de 34 dÍas de convulsión social provocado por un fraude electoral, la renuncia del anterior Presidente y la sucesión constitucional por la senadora Jeanine Añez.
A dos semanas de la dimisión de Morales, que prometió desde su asilo en México volver pronto y pacificar Bolivia, el grave y prolongado conflicto ha encontrado este fin de semana una luz al final del túnel, con la ayuda de mediadores de la Iglesia, de la ONU y de la Unión Europea, que facilitaron el diálogo para acordar la Ley de convocatoria a nuevas elecciones y una segunda norma de garantías para desactivar las protestas sociales. Aunque la tensión política y social se ha mantenido en los espacios de negociación, en las cámaras legislativas y en algunas carreteras, se espera que con los convenios y la promulgación de dos normas alentadas por los facilitadores Bolivia vuelva esta semana a la normalidad.
Las iniciativas de diálogo mostraron sus primeros resultados este fin de semana, con la aprobación en las cámaras de senadores y de diputados de la ley de convocatoria a comicios, en el plazo de 120 días después de la elección de vocales del Tribunal Supremo Electoral y de los departamentales, que debe ocurrir en el transcurso de otros 20 días a partir de este domingo, en el que la Presidenta transitoria, Jeanine Añez, promulgó la norma. Aunque los debates de los congresistas del MAS y de la oposición a Morales han estado marcados por fuertes cruces verbales y las acusaciones de fraude y de violencia, la ley ya está sellada. Sin embargo, queda pendiente formalizar en una segunda norma medidas que conduzcan a la desmovilización de bloqueadores y que den garantías a los dirigentes políticos y de organizaciones sindicales.
Las iniciativas de diálogo
Precisamente y en forma paralela a las deliberaciones legislativas, desde el viernes en la noche y hasta el domingo en la madrugada, la presidenta transitoria Jeanine Añez encabezó con su gabinete de ministros un tenso diálogo con 73 dirigentes de los llamados movimientos sociales, que fueron afines a Evo Morales, y que han liderado parte de las movilizaciones callejeras.
Añez acordó en un primer acercamiento el viernes en la noche ofrecer garantías a líderes de organizaciones sociales para sesionar el sábado en la tarde en el mismo Palacio de Gobierno, en una amplia mesa de pacificación del país. El encuentro se ha desarrollado simultáneamente a la sesión de los diputados que aprobó la ley que convoca a nuevas elecciones, con algunos resultados acordados en la madrugada del domingo, que se deben consolidar en una “ley de garantías” a ser aprobada en las próximas horas por las dos cámaras legislativas. Mientras se combina un cuarto intermedio con las negociaciones, en las principales ciudades afectadas por los bloqueos, se dispuso una flexibilización de las movilizaciones de protesta. La Paz fue la urbe donde más se ha sentido la baja de la tensión social, ya que comenzó a normalizarse el abastecimiento de alimentos y de combustibles.
Avances, entre la desconfianza
Mientras el país celebraba el sábado que los senadores y los diputados de la oposición y el oficialismo aprueben en forma unánime la Ley de convocatoria a elecciones, estallaron nuevas tensiones políticas por la presentación inmediata a la Cámara de Senadores de un anteproyecto de norma de “garantías”constitucionales para los involucrados en el conflicto y las movilizaciones callejeras.
El punto que disparó la desconfianza fue uno de los 12 artículos del proyecto de norma que establece que el ex presidente Evo Morales y el ex vicepresidente Alvaro García Linera no pueden ser enjuiciados por la vía ordinaria, lo que ha sido inteprertado por políticos y analistas como la llave para que ambas ex autoridades gocen de inmunidad y el “as” que tenía guardado el MAS bajo la manga.
La norma entró a discusión al Senado la misma tarde del sábado, pero se trabó con la decisión de los asambleístas opositores a Morales y de algunos del ala moderada del MAS de posponer el debate hasta que haya un nuevo acuerdo político que reformule su alcance. Esta segunda ley era el resultado de los acuerdos promovidos por los mediadores internacionales del diálogo para conseguir la pacificación total de Bolivia, pero quedó por el momento en suspenso.
La desconfianza y la tensión por el artículo de “amnistía” no quedó solo en la Asamblea Legislativa. En horas de la noche del sábado llegó a la cumbre de “pacificación” que realizaba la presidenta Jeanine Añez y su gabinete con 73 dirigentes de movimientos sociales. A pedido de los participantes, los senadores acudieron a la sesión a dar una explicación.
De tal modo, el proyecto fue leído en ese espacio en presencia de los facilitadores bolivianos del diálogo. De inmediato la presidenta del Senado, Eva Copa, propuso que se llegue ahí mismo a un consenso para derivar el proyecto el mismo domingo a sesión para que sea aprobado por los asambleístas.
Los dirigentes de los movimientos sociales, que habían presentado en esa sesión de diálogo con el Gobierno un pliego petitorio de 11 puntos, acordaron que el proyecto de ley reúne las garantías constitucionales que exigen, por lo que apoyaron su contenido.
Los pedidos van desde la liberación de dirigentes de las protestas, hasta la otorgación de salvonductos para el asilo de ex autoridades, así como la indemnización de los familiares de las víctimas de las movilizaciones y las condiciones en que deben ser enjuiciadas los exfuncionarios.
Se acordó que la norma sea aprobada el domingo por los senadores a diputados, pero todavía no se ha concretado y es cosiderada clave para la pacificación.
Otra de las exigencias que están en plena negociación es la abrogación del decreto que moviliza a militares en las calles. El Gobierno ha condicionado la determinación a que vuelva la calma a Bolivia. Uno de los acuerdos en los que avanzaron es la conformación de una comisión conformada por el Gobierno, los movimientos sociales y la Fiscalía para revisar todos los casos de los detenidos en el conflicto.
Este domingo algunos ministros se trasladaron a la ciudad de Cochabamba a continuar con el diálogo, mientras se espera que los legisladores aprueben la ley de garantías, lo que daría lugar a la inmediata pacificación.





GOLPE DE ESTADO EN BOLIVIA NO FUE SOLO CONTRA EVO

Ultimas Noticias de Venezuela www.ultimasnoticias.com.ve)
                                    
La diputada boliviana del Movimiento Al Socialismo (MAS), Sonia Brito, denunció que el golpe de Estado contra el presidente Evo Morales, no solo fue contra él, sino contra todos los funcionarios que fueron electos el pasado 20 de octubre a través del voto popular. “Autoridades electas del MAS han sido obligados a renunciar violando de esta manera los derechos humanos, 5 gobernadores, 1 subgobernador, 4 alcaldesas, 28 alcaldes, 26 concejalas y 4 concejales, en total 68 autoridades”, dijo Brito.
Asimismo la funcionaria se hizo eco a través su cuenta oficial en la red social Twitter @Soniabrito07 al retuitear ésta información difundida por el bloque parlamentario.
Desde el pasado martes 9 de noviembre gobernadores y alcaldes oficialistas pusieron sus cargos a la orden en plena crisis política y social en que está sumido el país antiplano desde las elecciones generales del 20 de octubre. Una de las autoridades que renunció fue el gobernador de la región andina de Potosí, el oficialista Juan Carlos Cejas, quien dijo a los medios que no se iba a “aferrar al cargo si eso va a ayudar a que no tengamos enfrentamiento”. También tomó la decisión para proteger a su familia que, según dijo, “está en riesgo”. El alcalde de Potosí, William Cervantes, también del gobernante Movimiento al Socialismo (MAS), fue obligado a renunciar por una multitud que le hizo firmar la dimisión en una bandera potosina, según se ve en un video difundido en medios y en las redes sociales”, según declararon en su oportunidad al diario El Comercio de Perú.





DURÁN BARBA CONTRA MACRI POR NO HABLAR DE GOLPE DE ESTADO EN BOLIVIA

"Quienes defendemos la democracia rechazamos toda intervención militar" remarcó el ecuatoriano, que reclamó que "es indispensable que los políticos democráticos dejen de jugar a que hay dictaduras buenas y dictaduras malas".

Página 12 de Argentina (www.pagina12.com.ar)
                                                                          
El consultor estrella del Gobierno Jaime Durán Barba planteó sus diferencias con el presidente Mauricio Macri en torno al golpe de Estado en Bolivia. "Para ahorrarnos definiciones complejas podemos quedar en que cuando los militares destituyen a un presidente sin tomar directamente el poder eso no es un golpe, sino una palmada. Quienes defendemos la democracia rechazamos toda intervención militar. Ni golpes, ni palmadas. Solo democracia", remarcó el ecuatoriano, que reclamó que "es indispensable que los políticos democráticos dejen de jugar a que hay dictaduras buenas y dictaduras malas".
Si faltaba alguien que cuestionara a Macri por no condenar el golpe de Estado y las masacres que están ocurriendo en Bolivia (sin ir más lejos, ayer el Gobierno argentino saludó el llamado a nuevas elecciones, como si nada hubiera ocurrido), era Durán Barba. En su habitual columna en el periódico Perfil, el consultor político -cuyo distanciamiento con Macri es cada vez más evidente- escribió: "Los últimos acontecimientos en Bolivia han provocado una amplia discusión acerca de lo que es un golpe militar. Algunos dicen que cuando los militares ponen a uno de los suyos en el poder eso es un golpe; si ponen a un civil es otra cosa. Otros creen que si los militares deponen a un presidente popular es un golpe, si es impopular no lo es", estima Durán Barba antes de decir que no apoya las intervenciones militares en ningún caso.
Y, a diferencia de la línea discursiva que siguió el macrismo en el Congreso, Durán Barba remarca que lo que se discute no es si Evo Morales fue un buen o mal presidente. "El tema de esta nota no es discutir las virtudes o defectos del gobierno de Evo Morales, sino la legitimidad de las intervenciones militares para poner y deponer presidente", remarcó Durán Barba. A Jeannine Añez la llamó "una señora que se autoproclamó presidenta ante un grupo minoritario de diputados y senadores". Y también "una racista procedente de Santa Cruz".  La opinión termina con un llamado a que "los políticos democráticos dejen de jugar a que hay dictaduras buenas y dictaduras malas". Teléfono para el presidente argentino. 





ENTRE DISPAROS Y GRANADAS, LA HISTORIA DE UN PERIODISTA MARPLATENSE EN BOLIVIA

Se trata de Mariano García, de Telefé, quien estuvo cubriendo los disturbios luego de las fallidas elecciones del mes pasado. Junto a su equipo, debió ser sacado del país por el escuadrón Alacrán, refugiado en la embajada y trasladado al aeropuerto con compañía militar. "Escribieron con un fibrón nuestro grupo sanguíneo en nuestras muñecas, por si nos disparaban y necesitábamos una transfusión", recuerda. 

El Marplatense de Argentina (www.elmarplatense.com)
                                                       
La tensa situación que se vive en Bolivia desde las elecciones del 20 de octubre ya causó más de 20 muertos y miles de heridos, según informaron fuentes oficiales. En los medios de toda latinoamérica se replicaron imágenes de los enfrentamientos entre las fuerzas de seguridad, los simpatizantes y los detractores del ex presidente Evo Morales.
Entre los periodistas extranjeros que viajaron a cubrir el día a día de la convulsión política y social boliviana se encuentra el marplatense Mariano García, de Telefé, quien dialogó con Radio Mitre Mar del Plata sobre su experiencia como corresponsal.
"Es dramático", comienza García. Cuenta que estuvo en Santa Cruz de las Sierras, el territorio fuerte del mayor opositor ultrareligioso Fernando Camacho, y que luego viajó a La Paz. "Vi un panorama muy radicalizado", expresa. En la capital, los grupos estaban divididos "muy claramente", lo que fomentaba los incidentes y encuentros violentos.
En esos disturbios trabajaba García junto a su equipo, encargándose de recopilar testimonios e imágenes de la forma más objetiva posible, dice. "Uno de mis compañeros fue herido por un golpe de granada y recibimos gases lacrimógenos, pero todo cambió cuando entrevisté a Camacho y tuvimos un intercambio de ideas fuerte", comenta.
A partir de entonces, su imagen se difundió entre los manifestantes y los medios de comunicación partidarios. "En Bolivia me vincularon con los seguidores de Evo Morales, decían que era un agente infiltrado de Cuba, cuando estaba haciendo mi trabajo imparcial, y todo es a causa de que la situación allá hoy es muy extrema", recuerda el periodista. Allá, lo llamaban "gaucho comunista".
"Salíamos a las calles y nos gritaban insultos o nos saludaban por nuestros nombres y apellidos, por más de que estábamos en un país extranjero", manifiesta, para luego agregar: "En algunos lados te atacaban y en otros te hacían sentir como un rockstar dependiendo de quién simpatizaba esa gente".
La situación se tornó tan inestable que debieron abandonar el país. "Me la pasaba analizando cómo salir y, al final, nos sacó la gente del Escuadrón Alacrán del hotel, nos llevaron a la embajada y de ahí tomamos un vuelo hasta Argentina", comenta. Cuatro personas con ametralladoras entraron a su alojamiento, cargaron su equipo en una camioneta y se los llevaron.
"A las 2.15 de la madrugada nos trasladaron al aeropuerto y nos escribieron en las manos nuestro grupo sanguíneo, por si nos disparaban y nos tenían que trasfundir", continuó. Las fuerzas de seguridad tuvieron que mantener una escolta casi permanente.
"Me ha tocado estar en otros enfrentamientos, en reformas provisionales, en la toma de la catedral del 2001, pero nunca nada como esto", concluye García.





LA CONFRONTACIÓN EN BOLIVIA: “NARCOTRÁFICO CONTRA DEMOCRACIA”
                                                                                                                                                   
La resistencia civil de la nación boliviana ha triunfado al lograr el retiro del dictador Evo Morales. Con sus delitos, violencia, renuncia y fuga a México el dirigente cocalero ha perdido el gobierno, pero lucha violentamente por mantener el poder que articuló y concentró en los casi 14 años de un régimen controlado por las dictaduras de Cuba y Venezuela, con las que destrozó la democracia e hizo de Bolivia un narcoestado.

ABC de Paraguay (www.abc.com.py)
                                                                                             
Por Carlos Sánchez Berzaín.- Ahora, Morales, con el apoyo de estos regímenes, promueve el ataque terrorista del narcotráfico contra la democracia, la agresión del crimen organizado contra el pueblo de Bolivia.
La comunidad y los organismos internacionales se equivocaron en el reconocimiento de la realidad objetiva de Bolivia. Muy pocos señalaron la dictadura que se había establecido y se fortalecía con Evo Morales como jefe. Insistieron en tratar como democracia a la “dictadura electorera”. Acompañaron la imposición del dirigente cocalero de presentarse como indígena sin serlo, incitando de esta forma la lucha de razas que el castrochavismo instauró en Bolivia como principal eje de confrontación.
La imposición de la dictadura de Morales en Bolivia fue un proceso de intervención transnacional, pero las acciones del pueblo boliviano para recuperar su democracia han sido y son completamente nacionales. Tal vez en esto consista el éxito y la sorpresa de que Bolivia se esté liberando del castrochavismo y que se haya roto el eslabón que el eje La Habana-Caracas consideraba el más sólido de su cadena.
Para entender la importancia de la caída del dictador Evo Morales y de lo que representa la perdida de Bolivia para el castrochavismo –ahora reducido a detentar el poder por la fuerza en Cuba, Venezuela y Nicaragua– debemos recordar que en el plano militar el dictador Evo Morales impuso la vergonzosa tarea de reivindicar los crímenes de las guerrillas y su referente el Che Guevara creando en Bolivia la “Escuela Militar Antiimperialista del Alba”, humillando a las Fuerzas Armadas para que sus soldados proclamen “Patria o muerte venceremos”, convirtiendo el transporte aéreo militar en instrumento del narcotráfico y haciendo del territorio nacional zona de recuperación y protección de guerrilleros y terroristas.
Pero el rol más importante para Bolivia en el castrochavismo fue que la convirtieron en un narcoestado, incorporado al grupo de países controlados por Cuba e integrados por las dictaduras de Venezuela y Nicaragua. La República de Bolivia que tenía 3.000 hectáreas de cultivos de coca ilegal el año 2003, fue suplantada por el “Estado Plurinacional” para tener hoy cerca de 80.000 hectáreas de coca ilegal.
En el contexto de los “narcoestados castrochavistas” la Bolivia controlada por Evo Morales es la principal productora y proveedora de coca/cocaína. Esta actividad ilícita está concentrada en el Chapare, departamento de Cochabamba, donde Morales instaló el aeropuerto internacional de Chimoré, una fábrica de Urea, comunicaciones de última tecnología y una política de expansión de la coca ilegal que incluyó avasallamiento e incendio de áreas indígenas y forestales protegidas.
La investigación del periodista Leonardo Coutinho sobre el transporte de cocaína en aviones militares bolivianos de Chimoré a la terminal presidencial de Venezuela, es una de las múltiples pruebas de que las “federaciones cocaleras” de las que Morales es jefe vitalicio, son productores de la cocaína con la que el castrochavismo nutre su red criminal. Esta es la fuerza de agresión contra la democracia, con cubanos, venezolanos y miembros de las FARC. Perdiendo esta zona de libre producción y despacho de droga, las dictaduras de Cuba y Venezuela están perdiendo la parte más importante del negocio de cocaína, del que México es participante esencial con sus carteles.
Es por eso que el terrorismo para producir masacres sangrientas impulsadas por Evo Morales desde México, con apoyo de la Embajada de Cuba en La Paz, acciones terroristas de cubanos, venezolanos y FARC, con la complicidad de López Obrador y su gobierno que ignoran las normas de asilo, no son una cuestión política, son la confrontación del narcotráfico contra la democracia disfrazadas de movilización popular.
Lo que ahora pelean Cuba, Venezuela, Nicaragua en Bolivia y secundan los Fernández/Kirchner desde Argentina, es tratar de evitar que Bolivia luego de retirar el gobierno dictatorial, le arrebate el poder al narcotráfico disfrazado de política y restaure la lucha antinarcóticos, restituya la cooperación de la DEA, abra investigación de fortunas y de lavado de dinero, cumpla leyes y convenios contra el narcotráfico. El narcotráfico contra la democracia.

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